sábado, 30 de mayo de 2009

MUJER, SOCIEDAD Y LITERATURA

La mujer desde el principio de la historia ha sido relegada a un segundo plano, quedando al margen del proceso histórico.
La mujer solo era una máquina para tener hijos y cuidar a su marido, sin derecho a reprocharle nada a este, simplemente a someterse.
Serán las revoluciones del siglo XIX las que inicien los cambios necesarios para que los nuevos medios educativos aprueben el acceso de la mujer a la cultura, promocionando su salida de casa y su incorporación a toda una serie de trabajos, que, si en un primer momento fueron una simple prolongación de los desempeñados en el ámbito doméstico, con el tiempo ampliaron su presencia y participación en los considerados en aquellos años «sectores productivos».

HISTORIA

En la antigüedad tenemos exactamente en la época Medievo, la época oscura, llena de opresión, y dictaduras.
Lo que más se destaca es el tiempo de brujas, el cinturón de castidad, y el llamado “concilio”, en el que la para la mujer no era nada favorable vivir dentro de la sociedad de esta época, pues era llamada ser sin alma, y como si fuera poco en general para el ser humano, era una época muy difícil llena de guerras, inseguridades, epidemias, hambre, el poder feudal, y una tradición heredada por los romanos, del derecho germánico, y finalmente el poder ideológico de la Iglesia.
En esta época Medievo, la mujer no era si no considerada una posesión, un objeto, sierva o esclava que no elige su suerte ni su destino; el hombre lo decidía por ella.
La mujer es en este entonces imperfecta, y por tanto inferior al hombre; pero en el mundo griego, donde se establece esta idea, nadie hablaba de la mujer como un potencial venenoso capaz de matarse a sí misma o a los que la rodeaban. Cuando este concepto de imperfección entra en contacto con la nueva filosofía cristiana que se aplica en occidente y con ciertas tradiciones populares, se relacionará inmediatamente la imperfección de la mujer con la tradición bíblica de la impureza (Levítico), dando lugar a nuevas posibilidades interpretativas de las diferencias biológicas entre los dos sexos, hombre y mujer.
La mujer es una heredera de la sociedad medieval de
las costumbres romanas y germánicas al tiempo que heredera de un sistema de creencias estructurado en Oriente Medio, establece sus bases en el patriarcado. El hombre es considerado un "agente activo" mientras que la mujer es el "agente pasivo". Esta es la razón por la que el hombre ocuparía un papel relevante ante la mujer, a pesar de plantear la religión cristiana en sus textos fundamentales la igualdad de los dos sexos ante el pecado y la salvación, dejando de lado la supuesta negación de la existencia de alma en las mujeres. En este marco patriarcal, la vida pública, desde la política hasta las armas pasando por la cultura o los negocios, está reservada casi exclusivamente al hombre mientras que la mujer está recogida en la vida doméstica.
Las primeras ideologías acerca de la igualdad de la mujer emergen en la primera mitad del siglo XIX, ante la necesidad de encarnar una nueva personalidad. Por esto, las mujeres, salieron del hogar para exigir lo que debían tener desde hacía siglos y nunca se planteó. Estas primeras tesis tienen su comienzo con Flora Tristán, a la que más adelante siguieron personajes tan importantes como Marx o Engels. Y era en el pasado siglo XX cuando se defendió esta igualdad por mujeres como Dolors Monserdá o Teresa Claramunt.

HISTORIA GENERAL

A princicipios del siglo XX la familia mantenía unos tradicionales valores que la configuraban. La vida transcurría en el ámbito rural donde el campo era el principal medio de producción y el que proporcionaba la economía a las familias. Dominaban por encima de todo los valores patriarcales y el número de miembros que componían la estructura familiar era elevado.
A partir de los años cincuenta el número de miembros se redujo y se fue provocando un éxodo rural. El trabajo se ejercía en las fábricas principalmente.
En los años sesenta los hombres y mujeres comenzarán a igualar sus papeles.